PORTADA         2º BACHILLERATO

2.  LA CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN (1800 - 1833)


1. Causas y desarollo de la Guerra de Independencia


Acontecimientos de Bayona

    En abril de 1808, Napoleón había convocado a la familia real española a reunirse con él en la ciudad francesa de Bayona. Allí, entre amenazas y promesas, consigue que Fernando VII devuelva la corona a su padre, Carlos IV y que éste, a su vez, la ceda a Napoleón, quien la entrega a su propio hermano, convirtiéndole en rey de España con el nombre de José I Bonaparte. Se lleva a cabo de esta manera la transmisión legal de la soberanía a manos de un monarca que entre grandes dificultades intentará modernizar el estado español, aplicando algunos de los principios del liberalismo político y económico ya vigentes en Francia.


Sucesos del 2 de mayo

    En España, los sucesos de Bayona, son entendidos como un secuestro de la voluntad de los reyes, mientras que los movimientos de las tropas francesas, acuarteladas en puntos que no están en la ruta hacia Portugal, hacen cundir la sospecha de que está teniendo lugar una invasión del país. El 2 de mayo de 1808, el pueblo madrileño trata de evitar que el ejército francés traslade a Francia a Francisco de Paula, último infante de la familia real que permanecía en Madrid; las tropas francesas reprimen duramente la revuelta, con lo que tiene lugar el primer choque violento entre los soldados franceses y el pueblo español. La represión que sigue al levantamiento madrileño, con cientos de fusilados, es extremadamente dura y el alcalde de Móstoles proclama un bando declarando la guerra a Francia, que se difunde por todo el país provocando revueltas antifrancesas.


Generalización de la guerra

    Tras el bando del alcalde de Móstoles, se suceden los levantamientos antifranceses por toda la geografía española. La guerra contra el ejército de Napoleón en España, unos 170.000 hombres, se generaliza en un enfrentamiento que durará seis años y que podemos estudiar en cuatro fases de desarrollo.


Primera fase

    Se desarrolla en los primeros meses de guerra (hasta el verano de 1808) y está centrada en las revueltas urbanas contra las tropas francesas y el asedio de estas a las ciudades. El 19 de julio, el ejército español, ya reorganizado y bajo el mando del general Castaños, se enfrenta y derrota al ejército francés en Bailén (primera derrota de los ejércitos de Napoleón), provocando la huida de josé i de Madrid a Vitoria y poniendo fin a la primera fase de la guerra.


Segunda fase

    Tras la derrota de Bailén, Napoleón decide intervenir personalmente en España y en noviembre de 1808 cruza la frontera al frente de la Grand Armèe, aproximadamente un cuarto de millón de soldados. Derrota y dispersa al ejército español, pero el estallido de la guerra con Austria le obliga a retornar a Francia.


Tercera fase

    La oposición popular a los franceses y los restos dispersos del ejército español, dan origen a una guerra de guerrillas, de la que surgen jefes militares de baja extracción social (lo cual, más tarde, tendrá sus consecuencias en cuanto a la orientación liberal de parte de la oficialidad) que hostiga continuamente a las tropas francesas y obliga a Napoléon a consumir grandes recursos. Estas guerrillas adquieren cada vez una mayor envergadura y coordinación, entre sí, con la Junta Central y con el ejército británico que actúa contra los franceses desde Portugal. No obstante, las tropas francesas ocupan todo el territorio español excepto Cádiz.


Cuarta fase

    Napoleón invade Rusia en 1812, pero su fracaso en este país le obliga a reforzar su ejército con tropas retiradas de España. Esto propicia una ofensiva de las fuerzas conjuntas españolas e inglesas. En 1812, la Batalla de los Arapiles, cerca de Salamanca, permite a las fuerzas hispano británicas expulsar a los franceses del sur del país y abrir el camino hacia la conquista de Madrid, poniendo en fuga a José I, quien se refugia en Vitoria.  En 1813, las batallas de San Marcial (Irún) y Vitoria ponen fin a la invasión. Por el Tratado de Valençay del 11 de diciembre de 1813, Napoleón devuelve la corona española a Fernando VII, quien regresa a España en marzo de 1814


El gobierno de España durante la guerra


    Durante la guerra, existe en España una dualidad de poderes: por un lado, el gobierno de José I Bonaparte, apoyado por Francia y por otro, el constituido de forma espontánea para resistir a la invasión y que se concreta en la Junta Central Suprema.


El gobierno de José I Bonaparte


    Recibe inicialmente el apoyo de Francia, del Consejo de Castilla (gobierno español) y de los españoles "afrancesados" (partidarios de reformar la monarquía absoluta). José I trató de llevar a cabo una política reformista que modernizara España. Para ello promulgó el Estatuto de Bayona, una Carta otorgada que, sin establecer un régimen liberal, introducía importantes reformas modernizadoras del estado español, tanto en los aspectos económicos como políticos. Sin embargo, tuvo grandes dificultades para gobernar: por un lado, su incapacidad para controlar todo el país, ya que algunos territorios se mantenían en manos de la resistencia española, mientras que en otros, controlados por el ejército francés, los generales mantenían una actitud prácticamente independiente del gobierno de José I. Por otro lado hay que señalar las continuas injerencias de Napoleón en la política española, a menudo sin contar con su hermano. En este sentido llegó incluso a promulgar una serie de ocho decretos, entre los que destacan:


- Disolución del Consejo de Castilla

- Abolición del Santo Oficio (Inquisición)

- Reducción del número de conventos

- Abolición de la jurisdicción señorial

  1. -Supresión de las aduanas interiores



El gobierno de las Juntas


    El vacío de poder dejado por las abdicaciones de Bayona propició que la población, que rechazaba el poder de José I y de los franceses, se organizase de forma espontánea en juntas locales, estas formaron poco después juntas provinciales que finalmente constituyeron una Junta Central Suprema, presidida por el Conde de Floridablanca, auténtico gobierno del país durante la guerra.


    La Junta Central Suprema gobierna España en nombre de Fernando VII y debe afrontar una doble tarea: la dirección de la guerra contra los franceses, para la que firma una alianza militar con Gran Bretaña y la reforma del Estado español. La primera cuestión ya se explicó arriba; en cuanto a la reforma del Estado, se van a convocar unas Cortes Generales que debían reunirse en Cádiz, único territorio español libre del dominio francés. En 1810, la Junta cede sus poderes a un Consejo de Regencia, que continuará su labor de gobierno, organizando la convocatoria de las Cortes.


    Las Cortes españolas se reunieron efectivamente en Cádiz, a la sazón, única ciudad española libre del control francés. El ambiente liberal que se respiraba en esta ciudad mercantil contribuyó a que las decisiones adoptadas por las Cortes, tanto a la hora de redactar la constitución como cuando se trataba de legislación ordinaria, tuviera una fuerte inclinación hacía esos principios, si bien a menudo los diputados liberales tuvieron que consensuar con los más conservadores, lo que da a parte de la legislación gaditana un carácter ecléctico, en el que por ejemplo, se establece la soberanía nacional al tiempo que se mantiene el catolicismo como religión de estado.


     La labor de las Cortes se concreta en una serie de disposiciones ordinarias y en la redacción de la primera constitución española, la de 1812. Entre las disposiciones ordinarias, destacan la abolición de los señoríos jurisdiccionales, de la Inquisición, la Mesta y las aduanas interiores, entre otros.

 

    En cuanto a la Constitución, se reconoció la soberanía nacional bajo un régimen de monarquía constitucional, una gran relación de derechos y libertades ciudadanos, la separación de poderes, con un legislativo de una sola cámara, elegida mediante sufragio universal (indirecto) y, como concesión a los sectores absolutistas, la confesionalidad del estado y exclusividad de la religión católica.



2. Características esenciales de la Constitución de Cádiz

    La Constitución de Cádiz fue formulgada el 19 de marzo de 1812, día de San José (de ahí el sobrenombre de “La Pepa”). De entre los diputados que colaboraron en su elaboración podemos destacar al clérigo extremeño Diego Muñoz Torrero, y a Agustín de Argüelles.


    Se trató de una constitución muy avanzada para su tiempo y que por ello fue tomada como modelo, posteriormente, por algunas naciones europeas e hispanoamericanas. Establecía una monarquía limitada, con soberanía nacional, una amplia declaración de derechos y libertades ciudadanas (libertad de imprenta, libertad de reunión, etc.) y la separación de poderes.


    El poder ejecutivo residía en el rey, pero sus poderes quedaban limitados por la doble responsabilidad de los ministros ante el monarca y las Cortes, por la prohibición de disolver estas, la obligación de que sus decretos fuesen validados por la firma del ministro correspondiente y, aunque poseía veto suspensivo, este era por dos años, transcurridos los cuales, las decisiones de las Cortes se convertían en ley.


    El poder legislativo residía en las Cortes, unicamerales y elegidas mediante sufragio universal masculino indirecto en cuatro grados.


    El poder judicial quedaba reservado para los tribunales de Justicia.


    La estructura territorial del Estado no quedaba definida y aunque no se hacía referencia alguna a fueros territoriales de las provincias vascas y Navarra, los existentes tampoco fueron derogados de forma explícita.


    Paradójicamente y en contradicción con el carácter radicalmente liberal del texto, se establecía la confesionalidad religiosa del Estado y la exclusividad del catolicismo, como concesión a los sectores reaccionarios presentes en la Cortes gaditanas.



  1. 3.La Constitución de 1812 (COMENTARIO DE TEXTO)


LA CONSTITUCIÓN DE 1812


Las Cortes Generales y Extraordinarias de la Nación española, decretan la siguiente Constitución:


Art.1 La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.

Art.2 La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna persona o familia.


Art.3 La soberanía reside esencialmente en la Nación, y, por lo mismo, pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales.


Art.4 La Nación está obligada a conservar y proteger las leyes sabias y justas, la libertad civil, la propiedad y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen.


Art.8 También está obligado todo español, sin distinción alguna, a contribuir en proporción a sus haberes para los gastos del Estado.


Art.12 La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, única y verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquier otra.


Art.13 El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin último de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen.


Art.14 El gobierno de la Nación española es una monarquía moderada hereditaria.


Art.15 La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el rey.


Art.16 La potestad de hacer ejecutar las leyes reside en el rey.


Art.17 La potestad de aplicar las leyes en causas civiles y criminales reside en los tribunales establecidos.



Señala y contextualiza las ideas fundamentales del texto y relaciónalas con las características y significación histórica de la Constitución de 1812 y sus períodos de vigencia en las primeras décadas del siglo XIX



Clasificación


Se trata de una fuente primaria, de carácter jurídico y tema político. Su autoría corresponde a los representantes de la nación española (que en tal momento incluía a los habitantes de las colonias americanas): los diputados reunidos en las Cortes de Cádiz entre 1810 y 1812. El destinatario es la nación española en su conjunto.


El documento propuesto consiste en parte del articulado de la Constitución de 1812, promulgada en Cádiz el 19 de marzo de dicho año y primera de la historia de España. Concretamente los artículos 1 al 4, el 8 y del 12 al 16. Los analizamos por bloques:



Análisis


Los artículos 1, 2, 3 y 4 expresan claramente la ruptura con el Antiguo Régimen en lo que respecta al titular de la soberanía, que pasa del Rey a la Nación. En el artículo primero, la referencia a los españoles “de ambos hemisferios” responde a que, en ese momento, los territorios españoles en América dependían aún de la metrópoli, si bien se había iniciado ya el proceso de emancipación, que conduciría a la independencia de las modernas repúblicas hispanoamericanas. El artículo cuatro hace además referencia expresa a dos de los principios básicos del liberalismo burgués: la libertad y la propiedad.


El artículo octavo se refiere la igualdad en materia fiscal, la obligación de todos los ciudadanos a pagar impuestos, recordemos la exención te tributación personal que era privilegio de los estamentos nobiliario y eclesiástico en el Antiguo Régimen.


El artículo decimosegundo supone una anomalía dentro de una constitución liberal y contradice el principio de libertad de pensamiento que esta consagra. Establece la confesionalidad católica del Estado y la exclusividad de la religión católica, con prohibición de cualquier otra. Se trata de una concesión a los sectores más reaccionarios presentes en las Cortes de de Cádiz.


El artículo 14 establece la monarquía como forma de Estado; hay que considerar la escasa presencia del republicanismo en la España de este período.


Los artículos 15, 16 y 17 consagran la separación de poderes, otorgando el ejecutivo al Rey, el legislativo a las Cortes, conjuntamente con el Rey y el judicial a los tribunales establecidos.



Comentario


Los sucesos de Bayona de abril de 1808 y la consecuente invasión y Guerra de Independencia, provocaron en España un vacío de poder, que, al ser ocupado por el pueblo a través de sus representantes en las Juntas, derivó en verdadera revolución liberal, en una ruptura con el Antiguo Régimen que queda consagrada en la legislación ordinaria emitida por las Cortes de Cádiz (1810-1812) y sobre todo en la Constitución promulgada el 19 de marzo de 1812.


A partir de mayo de 1808, se constituyeron juntas locales, provinciales y por fin una Junta Central Suprema, presidida por el conde de Floridablanca, que asume la doble tarea de organizar la resistencia contra el invasor y promover la reforma del Estado. Para esta tarea, decide convocar Cortes en la ciudad de Cádiz (única libre de la ocupación francesa) y, acto seguido, ceder sus poderes, en 1810, a un Consejo de Regencia.


El hecho de que las Cortes se reunieran en Cádiz, ciudad abierta, burguesa y liberal, determinaron en buena medida el resultado de las mismas. Los diputados, procedentes de todos los estamentos, aunque mayoritariamente burgueses, se dividieron en tres tendencias principales: una mayoría liberal, partidaria de la soberanía nacional y la limitación de poderes del monarca; un sector absolutista, que defendía el retorno al Antiguo Régimen en cuanto Fernando VII retornase a España y un sector situado en el centro, los “jovellanistas” o “doctrinarios” que defendían la modernización de las instituciones tradicionales españolas, la soberanía compartida entre el rey y el pueblo y un ejecutivo fuerte en manos del monarca.


Como se ha dicho, la presencia mayoritaria de sectores burgueses y liberales en Cádiz favoreció el triunfo de esta tendencia, si bien con importantes concesiones a los sectores reaccionarios, como puede observarse en el artículo 12 del texto comentado, relativo a la exclusividad de la religión católica.


La Constitución de 1812 tuvo escasa vigencia: promulgada el 19 de marzo de 1812, con una España aún en guerra y ocupada parcialmente por los franceses, fue derogada, apenas dos años más tarde, por el Decreto del 4 de mayo de 1814, en el que Fernando VII restablecía el absolutismo. Con posterioridad tuvo otros períodos de vigencia, ligados al triunfo de las corrientes liberales, como en el Trienio de 1820-23. No obstante su importancia radica no sólo en el hecho de ser el primer texto constitucional de España, sino en lo avanzado de su articulado, que fue tomado como modelo por otras naciones europeas y americanas durante el primer tercio del siglo XIX.



4. Decreto de 4 de mayo de 1814 (COMENTARIO DE TEXTO)


DECRETO 4 MAYO 1814


    Por manera que estas bases pueden servir de seguro anuncio de mis reales intenciones en el gobierno de que me voy a encargar, y harán conocer a todos no un déspota ni un tirano, sino un Rey y un padre de sus vasallos. Por tanto, habiendo oído lo que unánimemente me han informado personas respetables por su celo y conocimientos, y lo que acerca de cuanto aquí se contiene se me ha expuesto en representaciones, que de varias partes del reino se me han dirigido, en las cuales se expresa la repugnancia y disgusto con que así la constitución formada en las Cortes generales y extraordinarias, como los demás establecimientos políticos de nuevo introducidos, son mirados en las provincias; los perjuicios y males que han venido de ellos, y se aumentarían si yo autorizase con mi consentimiento, y jurase aquella constitución; conformándome con tan decididas y generales demostraciones de la voluntad de mis pueblos, y por ser ellas justas y fundadas, declaro que mi real ánimo es no solamente no jurar ni acceder a dicha constitución ni a decreto alguno de las Cortes generales y extraordinarias, a saber, los que sean depresivos de los derechos y prerrogativas de mi soberanía, establecidas por la constitución y las leyes en que de largo tiempo la nación ha vivido, sino el de declarar aquella constitución y tales decretos nulos y de ningún valor y efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubieran pasado jamás tales actos, y se quitasen de en medio del tiempo alguno, y sin obligación en mis pueblos y súbditos, de cualquiera clase y condición, a cumplirlos ni guardarlos...


Dado en Valencia a 4 de mayo de 1814. YO, EL REY.


Señala y contextualiza las ideas fundamentales del texto y relaciónalas con la personalidad de Fernando VII y las fases del conflicto entre liberales y absolutistas durante su reinado.



Clasificación


Se trata de una fuente primaria, de carácter jurídico y tema político. Su autoría corresponde al rey Fernando VII y el destinatario es el pueblo español.



Análisis


La idea fundamental del texto es el intención de Fernando VII de restablecer en su plenitud el Antiguo Régimen, y con él, la monarquía absoluta, mediante la derogación de todas las reformas legislativas realizadas en las cortes de Cádiz, empezando por la propia constitución de 1812, deslegitimando tales Cortes y amparándose en una presunta petición popular en dicho sentido.



Comentario


El texto debe comprenderse en el contexto de la Restauración, impuesta en Europa por el Congreso de Viena tras la derrota de Napoleón. Las potencias absolutistas, agrupadas en la Santa Alianza, van a tratar de restablecer el Antiguo Régimen en toda Europa, intentando liquidar cualquier residuo heredado de la Revolución Francesa. restableciendo a los monarcas derrocados en sus respectivos tronos y restableciendo las fronteras previas a la expansión napoleónica.


En ese contexto internacional, favorable a sus intenciones, regresa Fernando a España, si bien cabe recordar que él había recobrado la corona española en virtud del Tratado de Valençay, firmado con Napoleón Bonaparte en diciembre del año anterior y por lo tanto previo a su derrota.


Cuando Fernando llega a España, con la obligación de jurar la Constitución dada por las Cortes gaditanas, salen a su encuentro un grupo de diputados absolutistas, que le reclaman rehusar el juramento y derogar las leyes emanadas de estas Cortes. El general Elío encabeza a dicho grupo de diputados, que entrega al rey el llamado "Manifiesto de los Persas" y constituye la reclamación popular a la que el rey se refiere para justificar su decisión.


El Decreto del 4 de mayo de 1814 inicia una etapa de seis años (el Sexenio Absolutista) caracterizada por el restablecimiento del Antiguo Régimen y el paso de los liberales a la clandestinidad, perseguidos por el monarca; estos se verán obligados a conspirar, organizados en sociedades secretas, como la masonería, e intentar restablecer la constitución mediante sublevaciones militares (pronunciamientos), encabezados por mandos de ideología liberal. Estos pronunciamientos proliferaron durante el Sexenio: Díaz Porlier, Lazy, Milans del Bosch, etc. Todos fracasaron hasta que, en 1820, desde Cabezas de San Juan (Sevilla), el comandante Rafael del Riego, que se dirigía con sus tropas a América para reprimir la sublevación independentista, se pronunció igualmente en favor del restablecimiento de la Constitución de Cádiz, atrayendo a su causa a otros mandos militares y logrando forzar a Fernando VII a restablecerla y jurarla, si bien por el breve período que constituiría el Trienio Constitucional (1820-1823), ya que la intervención de las potencias de la Santa Alianza, arriba citadas, permitió a Fernando VII volver al absolutismo en ese último año.



5. Fases del conflicto entre liberales y absolutistas bajo el reinado de Fernando VII

    Tras el desastre del ejército napoleónico en Rusia, las dificultades de Francia para mantener el control sobre España son cada vez mayores. Las guerrillas se han desarrollado y evolucionado hasta formar auténticos cuerpos de ejército que colaboran estrechamente con ingleses y portugueses. La batalla de Vitoria puso fin a la invasión en 1813. Por el Tratado de Valençay del 11 de diciembre del mismo año, Fernando VII quedaba restablecido como rey de España. En enero de 1814 hace su entrada en el país.


    El reinado de Fernando VII se prolongó por casi veinte años, de 1814 a 1833 y en él distinguimos tres fases: El Sexenio Absolutista (1814-1820), el Trienio Liberal o Constitucional (1820-1823) y la Década Ominosa (1823-1833).  


EL SEXENIO ABSOLUTISTA (1814-1820)


    Durante la guerra y como ya hemos visto, la labor de la Junta Central y de las Cortes de Cádiz se había encaminado a una reforma de las estructuras económicas, sociales y políticas del país en un sentido modernizador. El objetivo era, en lo económico, establecer las bases para un desarrollo capitalista y en lo político, limitar el poder absoluto del rey mediante una constitución (la de 1812) que establecía la soberanía nacional y la separación de poderes.


    Con el retorno del rey, los partidarios del absolutismo elaboran y le hacen llegar el “Manifiesto de los Persas” exhortándole a desconocer la obra de las Cortes de Cádiz. Efectivamente, mediante el Decreto del 4 de mayo, promulgado en Valencia, Fernando VII decide anular la Constitución de 1812 y toda la legislación ordinaria desarrollada por las cortes gaditanas.


    Queda restablecido el absolutismo y se inicia una dura represión contra los liberales, quienes se ven obligados a exiliarse u organizarse en sociedades secretas. Sin embargo, el ejército forjado en la Guerra de Independencia, tenía un componente popular muy importante y las ideas liberales estaban sólidamente implantadas en muchos de sus mandos intermedios y oficiales. Algunos de ellos tratarán de restablecer la Constitución de 1812 por medio de pronunciamientos (golpes de Estado), entre los que destacan los de los generales Díaz Porlier, Milans del Bosch y Lacy. Al mismo tiempo estalla la insurrección de las colonias españolas en América, bajo la doble inspiración del independentismo y el liberalismo. En 1820, un grupo de tropas que debían embarcar para reprimir a los rebeldes americanos, se sublevan contra Fernando VII y, encabezadas por el comandante Rafael del Riego, restablecen la Constitución de 1812.


EL TRIENIO LIBERAL (1820-1823)


    El 1 de enero de 1820, el pronunciamiento del comandante Riego parece estar, como los anteriores, destinado al fracaso, pero poco después se empiezan a adherir nuevas guarniciones, lo que obliga a Fernando VII a aceptar el restablecimiento del régimen constitucional.


Restauración de la legislación liberal


    Las nuevas Cortes, además de restaurar la Constitución de Cádiz, ponen en marcha nuevas medidas modernizadoras en línea con las ya iniciadas diez años antes por las Cortes gaditanas: de entre estas medidas tiene especial importancia la supresión de mayorazgos, la prohibición a la Iglesia de adquirir bienes inmuebles (tierras y edificios), la preparación para una desamortización de tierras de la Iglesia y la abolición del régimen señorial.


    En esta etapa, se produce la división del liberalismo en dos ramas: los doceañistas (moderados), encabezados por Martínez de la Rosa, que defienden una línea próxima al doctrinarismo: amplios poderes del rey, legislativo bicameral, sufragio censitario… y que gobernarán durante la primera parte del trienio; frente a ellos, los liberales exaltados (progresistas), dirigidos por Evaristo San Miguel, que gobiernan en una etapa final (1822 y 23) y que buscan una profundización democrática, con unas Cortes unicamerales y sufragio universal.


Reacción absolutista


    Pese a su aceptación formal, Fernando VII rechazaba el nuevo régimen y conspiró continua y secretamente para restablecer su poder absoluto. Lo hizo por dos vías:


  1. a)Colaborando con la oposición interior: aquellas fuerzas que dentro del país tratan de derribar el régimen liberal. Estas fuerzas, que son el precedente inmediato del carlismo, establecen la Regencia de Urgel, una especie de gobierno alternativo que defiende el poder absolutista de Fernando VII.


  1. b)Colaborando con las potencias extranjeras partidarias del absolutismo. Tras la derrota de Napoleón en 1814, en casi toda Europa se había restablecido el absolutismo. Las potencias (Francia, Austria, Prusia y Rusia, fundamentalmente), habían decidido crear una alianza para evitar nuevas revoluciones liberales en el continente, interviniendo con sus ejércitos si fuera necesario. Ante la situación española, la alianza de potencias absolutistas (la Santa Alianza), reunida en el Congreso de Verona, decide intervenir. Francia envía un ejército de unos cien mil hombres, bajo el mando del duque de Angulema, para restablecer a Fernando VII como rey absoluto. El ejército francés (los Cien Mil Hijos de San Luis), apenas encuentran oposición y Fernando VII es repuesto en todos sus poderes.


LA DÉCADA OMINOSA (1823-1833)


    La intervención francesa restableció en España la monarquía absoluta. La constitución de Cádiz y la legislación liberal del trienio fueron nuevamente suprimidas. Sin embargo, en esta ocasión no se produce un simple regreso al absolutismo, la experiencia de los tres años precedentes provocó reacciones tanto entre los absolutistas como entre los liberales, unas reacciones que llevaron a la división interna de ambos bandos.


    En el bando absolutista aparece un sector, apoyado por el rey, que comprende la necesidad de hacer tímidas reformas, que no cambien lo esencial del sistema, si quieren evitar nuevos movimientos revolucionarios y que permitan además un saneamiento de la economía; así, la Inquisición no es restablecida, se atenúa levemente la represión política y se promulga un nuevo Código de Comercio de orientación liberal, así como se elabora un presupuesto económico. Frente a estos leves avances, los absolutistas exaltados, que rechazan cualquier tipo de compromiso reformista se aglutinan en torno a los Voluntarios Realistas que formaron la Regencia de Urgel durante el Trienio, y empiezan a aproximarse a la figura de Carlos María Isidro, el hermano del rey, como futuro sucesor. A la muerte de Fernando VII, se convertirán en "carlistas".


    Entre los liberales, como vimos, también se habían producido divisiones: por un lado, los que defienden una revolución "moderada" que mantenga a las masas alejadas del poder mediante el sufragio censitario y un sistema de doble cámara, por otro, los liberales exaltados, que defienden una profundización democrática en la revolución. Los primeros se irán aproximando cada vez más a los absolutistas moderados en defensa de Isabel, hija de Fernando VII como sucesora en el trono frente a la opción carlista.


    En 1830 el rey Fernando publica la Pragmática Sanción que abolía la Ley Sálica, abriendo el camino para la sucesión femenina. En ese mismo año,  la medida cobra toda su importancia al nacer Isabel, primogénita del rey. Se abre entonces la lucha sucesoria, que tiene su momento de mayor tensión con los llamados “Sucesos de la Granja” y que culmina en 1833 a la muerte de Fernando, con la proclamación de Isabel como reina de España y la oposición desde Portugal del Infante don Carlos, autotitulado Carlos V. Se inicia así la primera guerra carlista.


6. Las independencias americanas

La América colonial


    El siglo XVI fue el del descubrimiento del territorio, su conquista y su organización, correspondiéndose las tres etapas, grosso modo a los reinados de Isabel I, Carlos I y Felipe II. Es un siglo en que queda configurada social y administrativamente la América española. La sociedad americana se estratificó rígidamente en grupos étnicos, ocupando el nivel inferior una minoría de esclavos de origen africano (abundantes sobre todo en el Caribe y las Antillas), a los que sigue la gran masa indígena, en condiciones de servidumbre y los criollos, de ascendencia española, que formaban casi el 95% de la población blanca y dominaban las actividades económicas. En la cúspide, una exigua minoría blanca de origen peninsular, que se encargaba de las funciones de gobierno. Administrativamente, el territorio se organiza en dos grandes virreinatos: el de Nueva España, al norte de la actual Panamá y el de Perú, al sur; el nivel intermedio de gobierno lo ocupan Capitanías Generales, Audiencias y Gobernaciones y el inferior, los municipios. Económicamente, las llamadas Indias españolas, quedaban estrictamente sometidas a un monopolio comercial centralizado en Sevilla, de manera que todo el comercio debía estar controlado por la metrópoli y pasar necesariamente por dicho enclave.


    En el siglo XVII, el declive por el que atraviesa la Corona española, favorece una cierta emancipación de los territorios ultramarinos: la incapacidad de la metrópoli para abastecer a sus colonias de los productos necesarios, fomentó la aparición de pequeñas industrias y el desarrollo de un comercio intercolonial, controlados por los criollos, así como también incrementó el contrabando con potencias extranjeras, particularmente Gran Bretaña y los Países Bajos. Por otra parte, los ataques piratas y de potencias enemigas a enclaves coloniales y la incapacidad española para poner freno a tales incursiones, estimuló el desarrollo de milicias locales constituidas por criollos.


    En el siglo XVIII, la llegada de la nueva dinastía al trono de España supuso para las colonias el inicio de una “reconquista” en el sentido de recuperación del control que se había relajado durante el siglo anterior. Se procedió a una reorganización administrativa, que trajo consigo la constitución de dos nuevos virreinatos: los de Nueva Granada y Río de la Plata, segregados del de Perú; asimismo, se establecieron las intendencias para poner orden en el caótico sistema de audiencias, capitanías, etc... Toda esta reforma administrativa tenía como último objetivo el de asegurar un mejor control y una gestión económica más eficaz de las colonias en beneficio de la metrópoli; se puso coto al desarrollo económico interior (comercio e industria) y se fortaleció el monopolio comercial español, centralizado desde ahora en Cádiz. Estas medidas perjudicaron gravemente los intereses económicos de los hacendados, comerciantes e industriales criollos, además de que el fortalecimiento del control real en una época en que ya empezaban a calar las ideas liberales, generó un creciente malestar y favoreció el desarrollo de posiciones autonomistas primero e independentistas más tarde.


Los procesos de emancipación


    La Guerra de Independencia española fue el punto de partida de la emancipación americana, que podemos desarrollar en tres etapas:


  1. a)1808 -1814

    Esta etapa coincide a grandes rasgos con la propia Guerra de Independencia española. Se inicia, en América, como en la metrópoli, con la formación de Juntas de Gobierno locales que salvan así el vacío de poder generado tras los sucesos de Bayona. Estas Juntas, dominadas por criollos, pronto actúan con independencia de los poderes virreinales y provocan los primeros enfrentamientos entre realistas e independentistas. Con el fin de la guerra en España y la llegada de refuerzos a partir de 1814, los realistas lograron imponerse, si bien no llegaron a controlar de nuevo todo el territorio.


    Un caso especial fue el de México, donde la insurrección independentista no fue protagonizada por los criollos, sino por las masas de campesinos indígenas, animados por líderes como el sacerdote Miguel Hidalgo. esta circunstancia, en la que el deseo de independencia política se mezcló con una auténtica revolución social, asustó a la oligarquía criolla, que cerró filas con los realistas para conjurar la amenaza.


  1. b)1814-1818

    En esta fase, gracias a la relativa normalización de la política nacional tras la guerra, comienza el envío de tropas a América y la recuperación del control sobre los territorios rebeldes.


  1. c)1818-1824

    La tercera etapa está marcada por las figuras de los libertadores: Simón Bolívar en el norte y José San Martín en el sur, así como por el interesado apoyo de británicos y estadounidenses a la insurgencia independentista.


    Bolívar, libertador de Venezuela, Colombia y Ecuador, se reunió en 1822 en la ciudad de Guayaquil con San Martín, libertador de Argentina y Chile. Ambos cerraron un acuerdo de colaboración que permitió cerrar como una tenaza el cerco sobre Perú, bastión realista, que cae definitivamente ante el ejército de Bolívar en la Batalla de Ayacucho, en 1824, abriendo paso a las independencias de todos los territorios sudamericanos.


    En México, mientras tanto, la colaboración entre criollos y peninsulares para acabar con la revuelta indígena, se concretó en el Plan de Iguala de 1821, que permitiría una independencia pactada de los territorios que integraban el Virreinato de Nueva España, bajo un gobierno independiente que adoptaba la forma de monarquía moderada.

   

    Estas emancipaciones pusieron punto final al Imperio español, forjado tres siglos atrás y del que sólo quedarían, durante setenta y cinco años más, las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.


7. El Carlismo. La primera y segunda guerras carlistas

    Inmediatamente después de la muerte de Fernando VII, su hermano, Carlos María Isidro, refugiado en Portugal, publica el Manifiesto de Abrantes, reclamando la corona de España y autotitulándose Carlos V, se inicia así el movimiento carlista.


Bases ideológicas

    Quedan resumidas en el lema carlista "Dios, Patria, Rey, Fueros". El movimiento carlista, desde el integrismo católico, defiende una monarquía absoluta y la defensa de los fueros (leyes específicas de ciertos territorios, singularmente el País Vasco y Navarra) abolidos por los liberales.


Bases sociales

    Los dirigentes carlistas proceden esencialmente de la baja nobleza y el bajo clero, esto es, los sectores privilegiados más perjudicados por el liberalismo y cuya escasa capacidad económica les inhabilita para progresar en el nuevo marco social, político y económico.


    En cuanto a las masas carlistas, proceden de los sectores no privilegiados del antiguo régimen que ven ahora empeorar sus condiciones de vida con el desarrollo capitalista, es decir, los pequeños y medianos campesinos en el campo y los artesanos de las ciudades.


Bases geográficas

    La zona de influencia carlista se corresponde con aquella donde más amplia es su base social, de manera que si hemos señalado que las masas carlistas proceden sobre todo del pequeño y mediano campesinado propietario, comprobaremos que es en la zona donde éste sector predomina (la mitad norte del país) donde más eco encuentran las ideas del carlismo. Además, la defensa de los fueros dará lugar a una fuerte implantación del movimiento en Cataluña y muy especialmente, en el País Vasco y Navarra.

 

La Primera Guerra Carlista

    La Primera Guerra Carlista se inicia a la muerte de Fernando VII, en 1833. En sus primeros años de desarrollo, las fuerzas carlistas están dirigidas por un militar de extraordinaria capacidad, el general Zumalacárregui, gracias al cual consiguen varias victorias sobre el ejército gubernamental. La muerte de Zumalacárregui en el sitio de Bilbao abrirá una nueva etapa, en la que un sector del carlismo, dirigido por el general Maroto, comienza a plantearse la posibilidad de una paz negociada. Esta se alcanza con el convenio de Vergara, entre Maroto y el general Espartero, en 1839. El acuerdo preveía la incorporación de los oficiales carlistas en el ejército español y el respeto a los fueros vascos (esta condición será incumplida por los gobiernos liberales). Durante al menos un año más, algunas fuerzas carlistas bajo el mando de Cabrera prosiguieron la resistencia a ultranza en la comarca del Maestrazgo.

Primer trimestre


  1. Raíces históricas de España (1000 aC - 1800)

  2. La crisis del Antiguo Régimen (1800 - 1833)

  3. Construcción del Estado liberal (1833 - 1868)


Segundo trimestre


  4. La revolución democrática (1868 - 1875)

  5. Oligarquía y democracia (1875 -1902)

  6. El reinado de Alfonso XIII (1902 - 1931)

  7. La IIª República española (1931 -1936)

  8. La Guerra Civil (1936 - 1939)


Tercer trimestre


  9. La Dictadura franquista (1939 - 1975)

10. La Transición (1975 - 1978)

11. La monarquía parlamentaria (1978 - 2000)






RECURSOS COMPLEMENTARIOS


Juego de mesa

Guía del Cementerio Civil de Madrid





Genealogía de la monarquía española



Mapas históricos


Hispania prerromana

Conquista romana

El Reino Visigodo

Al Andalus. Conquista cristiana y repoblación

Los cinco reinos

La Monarquía Hispánica con Carlos I

La Monarquía Hispánica con Felipe II

Administración de la América colonial

La Guerra de Sucesion

La Guerra de Independencia

Las Guerras carlistas

La Guerra Civil

Desarrollismo franquista



Archivos de imagen, audio y video


Jefes de Estado de España (1800 - 2018)

Otra forma de ver a los poetas

Las voces de la historia de España

Lecturas para la Historia de España

Cine para la Historia de España



Esquemas y presentaciones


La Edad Moderna en España

El Carlismo

Las desamortizaciones

El Movimiento Obrero

Liberalismo y socialismo

La IIª República española

Los bandos en la Guerra Civil

La intervencion extranjera en la Guerra Civil

Las familias políticas franquistas


Pasatiempos para estudiar y repasar


España. Historia Antigua y Medieval

España. Historia Moderna

Fechas del siglo XIX

Fechas del siglo XX

Personajes del siglo XIX

Personajes del siglo XX

Conceptos del siglo XIX

Conceptos del siglo XX